jueves, 17 de mayo de 2018

Arakaka, Barima-Waini, Guyana

Arakaka es un caserío en medio de la selva amazónica dedicado a la extracción de minerales como el oro y el manganeso.
Tiene dos formas de acceso, por tierra o por el río (mi opción, pues no conocía la existencia de una carretera y bueno, tampoco pregunté). Cuenta con muy pocos habitantes, en su mayoría son descendientes de razas indígenas, pero todos, absolutamente todos, tienen alguna relación con la minería.
El comercio es la segunda fuente de riquezas en la localidad, trayéndose la mercancía desde Port Kaituma y Matthew's Ridge. Los problemas ambientales consecuencia de la extracción del oro no son los únicos problemas de esta localidad donde la policía es apenas un nombre. Sus habitantes viven del miedo producto de la violencia y esta situación es parte cotidiana ya que, al parecer, quien viene aquí es único responsable de su vida.
Otrora fue un sitio de emigración hacia Venezuela, hoy es receptor de connacionales dedicados a la minería ilegal y al tráfico de drogas.
Al no haber mayores cosas que contar, aquí les dejo dos únicas fotos de mi travesía por el río Barima.


miércoles, 16 de mayo de 2018

Port Kaituma, Barima-Waini, Guyana

Dos semanas aquí me han demostrado que vivir en Guyana, al menos en esta zona limítrofe con Venezuela, es difícil en todos los aspectos. Si en mi país los servicios públicos son precarios, aquí no existen. El acceso al Internet es muy limitado, el servicio eléctrico muy deficiente, las vías de comunicación no existen en algunos lugares y, para culminar, el sectarismo por las diferencias entre clases sociales y las religiones hacen que la convivencia en esta parte del mundo sea bastante tensa por momentos.
Mi llegada a Port Kaituma inicialmente fue buena, solo tomé una avioneta desde Mabaruma hasta aquí y me creí evitarme muchos sobresaltos por lo tortuosa que puede ser la carretera (sin asfaltar) en medio de la selva. Pero una vez allí, los problemas comenzaron a aparecer por arbitrariedades con respecto a mi pasaporte (según las autoridades migratorias, es falso, todo ello gracias a la prórroga que hicieron los directivos del Saime y que no han notificado a todos los países aún). Estuve detenido, incomunicado e indocumentado por los siguientes diez días porque mis documentos fueron enviados a Georgetown ante el consulado de Venezuela para confirmar primero mi identidad y segundo, que el pasaporte realmente fuera válido.
Si bien mi tiempo de cautiverio no estuvo enmarcado en hacinamiento ni tragedias como las que a diario se reseñan en las cárceles venezolanas, tampoco fue del todo grato, pues entre el aislamiento, los zancudos, el sofocante calor y la evidente xenofobia hicieron que el rato aquí llegara a límites intolerables.
Una vez solucionado el impasse incluso se me cuestionó si servía a algún cuerpo de inteligencia venezolana (si supieran que la inteligencia en los cuerpos policiales de mi país está de vacaciones) y al no verificarse nada, pues no tuvieron más remedio que liberarme y respetar el tránsito en su país.
Recorrí las calles de Port Kaituma luego de un tremendo aguacero seguido inmediatamente por el eterno calor guyanés y puedo resumir esta ciudad en esta palabra: "Barro"... Es imposible andar en buenas condiciones de limpieza aquí pues el barro y el polvo abundan por doquier.
Las zonas más urbanizadas de Port Kaituma son idénticas todas, vías en muy mal estado donde se hace necesario transportarse en automóviles todo terreno. Las tiendas son pequeños establecimientos comerciales más parecidos a las bodegas de los barrios venezolanos donde la mercancía en su mayoría es producto del contrabando. Hay solo dos hoteles y en ninguno existe aire acondicionado pues, al igual que en Mabaruma, el servicio eléctrico es muy limitado.


Definitivamente no es el mejor lugar donde estar de vacaciones, pero no todo es malo, la atención dentro del hotel donde me instalé valió la pena, pues se mostraron bastante atentos para atenderme en todo.
Estas dos últimas fotos son imágenes de una parada de carros por puesto local y la última, de una vista desde la ventana de mi habitación. Y un plus más, mi transporte hasta Arakaka. Seguiré explorando este país, espero en circunstancias mejores...


PD. Este río es el conocidísimo Barima.

viernes, 27 de abril de 2018

Mabaruma, Barima-Waini, Guyana

Describir mi llegada a la República Cooperativa de Guyana es, de algún modo, algo ilógico. Mientras la gran mayoría de connacionales se encuentran haciendo maletas para emigrar a Colombia y Brasil, yo me decidí por hacer una ruta poco convencional por nuestro otro vecino, Guyana. Sin importar problemas políticos, económicos ni limítrofes, solo motivado por la curiosidad de encontrarme con el panorama de este país tan desconocido para nosotros los venezolanos.
Comencé viajando en autobús desde mi natal San Cristóbal hasta la ciudad de La Fría (Táchira); desde ahí vía aérea hasta Puerto La Cruz (Anzoátegui) y desde ahí por tierra hasta Tucupita y por lancha hasta el pueblo de Curiapo (Delta Amacuro). Desde allí, en la sobriedad y clandestinidad que brinda la noche pasé en una canoa que contrabandea gasolina hasta la ciudad de Mabaruma, actual capital del Distrito Barima-Waini.
Como en todo pueblo lejano de la civilización, es una localidad donde la mejor ley la brinda el dinero, el contrabando y la minería ilegal. Abunda la corrupción policial y por ser un lugar tan pequeño es rápidamente notoria la presencia de un extranjero prestándose esta eventualidad para cobrar algo de dinero por cualquier cosa. Aquí, al igual que en Cúcuta (Colombia) se tiene al venezolano con el concepto de mendigo y es un tanto chocante encontrarse con la xenofobia en un lugar donde no existe nada...
La población local está fuertemente influenciada por diversas sectas religiosas que hacen vida en todo el país; además, pese a ser una ciudad pequeña, cuenta con una amplia diversidad poblacional conviviendo hindúes, arawacos, descendientes de ingleses y negros en un todo.
La vida aquí gira en torno al inmenso río Barima. Intimidante a cualquier hora del día y más cuando llueve, como me tocó presenciarlo por unas horas.
Resalto que aquí no hay electricidad en ningún hotel sino desde las tres hasta las siete de la noche y ello merced a las plantas eléctricas provistas por el gobierno nacional. No existen cajeros electrónicos y circulan el dólar guyanés, el bolívar y el dólar americano.
Es poco lo que ha dominado el ingenio humano en estas tierras; sin embargo hay algo que si noté a simple vista y es que el guyanés es altamente positivo con respecto a su futuro como nación.
A decir verdad, aunque al principio hubo algo de hostilidad de parte de los funcionarios de migración del país, los agregados ingleses de diversas misiones se encargan de cambiar el rostro al visitante. Aquí les dejo unas tomas de la localidad.










Dejé Mabaruma para dirigirme a Port Koituma y luego regresaré al norte, a Morajuana. Espero descubrir una mayor diversidad en nuestro litigante vecino.